La inyección intracitoplasmática de espermatozoides es la técnica que logra el embarazo en un diagnóstico severo de infertilidad

Esta técnica, que responde a las siglas de ICSI, no ha variado sustancialmente desde su creación debido a sus elevadas y constantes tasas de éxito que se sitúan entre el 70 y el 80%

En 1991 la Medicina Reproductiva da un paso decisivo en el tratamiento de la infertilidad masculina. El hallazgo de la inyección intracitoplasmática de espermatozoides (ICSI), aplicado en un proceso de fecundación in vitro (FIV), consigue que prácticamente sea imposible que un hombre no pueda ser padre biológico.

El 15% de las parejas padece infertilidad y aproximadamente en el 30% de los casos el factor masculino es el responsable. Hay hombres cuyos espermatozoides no tienen motilidad suficiente y otros que no son capaces de eyacular, los tienen, pero se encuentran en el interior del testículo.

El belga Paul Devroey, actual director del Centro de Medicina Reproductiva de Bruselas, fue su creador. Este ginecólogo y andrólogo comprobó que teniendo una escasa selección de espermatozoides valiosos y la introducción de un único espermatozoide en el ovocito, utilizando la tradicional pipeta de laboratorio, podía lograrse la fecundación. Este revolucionario procedimiento abría la gran esperanza a aquellos hombres que no pudieran ser padres con su propio esperma.

Todas las incertidumbres sobre la ICSI se disiparon cuando en 1992 se produjo el nacimiento de 4 niños sanos de tres embarazos logrados de un esperma que hasta ese momento se había descartado por considerarse incapacitado para fecundar un óvulo.

Aunque la microinyección espermática acabó en ese momento con la mayoría de casos de infertilidad de masculina, aún quedaba por resolver aquellos casos en los que no se producía eyaculación, que suponía no poder tener muestra alguna de semen de donde extraer algún gameto masculino válido.

El planteamiento de Devroey fue analizar el esperma extraído directamente del testículo. Fue un hito en reproducción asistida constatar que tenía movilidad. Lo que significaba que incluso aquellos hombres a quienes se les había practicado una vasectomía podrían volver a ser padres.

La inyección intracitoplasmática o ICSI ha conseguido romper la barrera de la infertilidad masculina severa mediante la introducción de un único espermatozoide en el interior de un óvulo maduro, provocando su fecundación en el laboratorio.

Con tan sólo 20 años de su descubrimiento, la ICSI se ha convertido en una de las técnicas más practicadas en Medicina Reproductiva y permite conseguir con éxito el embarazo en las parejas diagnosticadas de un factor masculino severo.

Esta técnica no ha variado sustancialmente desde su creación debido a sus elevadas y constantes tasas de éxito que se sitúan entre el 70 y el 80%. La calidad de la movilidad del esperma y la experiencia del embriólogo que realiza la técnica son las garantías de su éxito.

La ICSI se recomienda a pacientes cuando:

  • Existe una baja concentración de espermatozoides en el semen del hombre.
  • No hay espermatozoides en el eyaculado del hombre (azoospermia).
  • Existen problemas de movilidad (astenozoospermia) y morfología (teratozoospermia) de los espermatozoides.
  • El ADN de los espermatozoides tiene un alto grado de fragmentación.
  • En cualquier caso en que los espermatozoides no tengan la capacidad de fertilizar al óvulo por sí mismos.
  • En casos en los que resulte imposible obtener una muestra de semen por medio de eyaculación.
  • Por causa inmune, cuando existe la presencia de un alto número de anticuerpos antiespermatozoide